Crear formas significa vivir.
Wassily Kandinsky
La condición general del hombre contemporáneo está entretejida a partir de los primeros años de este siglo de una necesidad trascendental de explicarse y explicar el mundo. La ansiedad metafísica parece ser la condición global del hombre actual y los movimientos artísticos de nuestro tiempo empiezan a tener conciencia a partir del llamado expresionismo abstracto de esta ansiedad que permea casi todas las relaciones del hombre con su entorno y como consecuencia consigo mismo. Múltiples preguntas surgieron a partir de las primeras tendencias del arte moderno que implicaron siempre la condición espiritual del hombre, la naturaleza y su transformación expresada por la condición de la psique humana.
Siendo el expresionismo una revelación deliberada de esta ansiedad metafísica que existe ya en toda la tensión espiritual del arte moderno, esta revelación es el sostén fundamental e interno de toda expresión artística basada en la gestualidad anímica de lo imponderable y oculto del espíritu humano.
Ofelia Iszaevich, con tensiones espirituales ubicadas en el extremo de la "ansiedad metafísica" y con capacidad y la fuerza que dan al artista las necesidades vitales de la expresión profunda, emprende en esta serie de cuadros una lucha extenuante y reveladora de las todavía intensas posibilidades aun en nuestros días de un expresionismo abstracto que llevado a sus últimas consecuencias permite vislumbrar que como proceso formal es un medio no agotado.
Iszaevich nos propone con un manejo maestro de sus medios materiales (acrílico sobre papel, sobre tela, collage, etc.) y en grandes superficies, una obstinada capacidad de penetrar más allá de la superficie de la tela, para llevarnos a un mundo de fuerzas y tensiones subjetivas que rebasan el ámbito del virtuosismo matérico, para introducirnos así, abruptamente, en el caos primordial de la estructura cósmica.
Explosiones de color de analogías profundas nos muestran toda la reverberante sensación del ser total, desde una obsesiva y sublimada búsqueda de la pintura como medio no como fin para acceder a un orden que rebase todas las instancias puramente materiales para arrastrarnos virtualmente a una espiritualidad trascendente que revele la conciencia del hombre como ente universal.
"Lo que procura al arte su vitalidad y efecto dice Kandinsky en la primavera de 1912 no es tal o cual principio de composición o tal o cual idea de perfección, sino una expresión directa de sentir, la forma que corresponde al sentir, tan espontánea como un gesto, pero con la perdurabilidad de la roca".
México D.F., a 24 de octubre de 1993