En 1993 Ofelia Iszaevich realizó una exposición individual bajo el título "Transformaciones". Desde entonces la obra de la artista ha pasado por múltiples cambios tanto técnicos como estilísticos, que desembocaron en las Metamorfosis de ahora, sin que la pintora hubiese renunciado a su lenguaje interior.
Punto de partida del desarrollo artístico de la artista ha sido el expresionismo abstracto. Sin embargo, muy pronto subordina la pintura de acción a un cierto control de la composición pictórica, una inquietud que se refleja en el cuadro HOMENAJE A VII (1993). En el equilibrio de las manchas rojas y fortalecido por la división de la tela en un díptico, surge una simetría como proceso espiritual a propósito de la asociación libre.
Gradualmente, el control intelectual sobre la forma adquiere siluetas que dirigen las asociaciones del espectador hacia objetos como troncos (MIRADA DE TIERRA NEGRA, 1997), espinas (serie ESCUDOS CONTRA EL DESAMOR, 1997) o ramas (VIENTOS, CONFLUENCIA, 1998). La forma se convierte en figura o signo, como ha sido observado.
Desprendiéndose de una definición del color muy precisa como son los colores primarios: amarillo, rojo y azul, la pintura de la autora se ha afinado hacia gamas cromáticas que resuelven los colores en variantes de tonos (ELEGÍA SECRETA, 1994) y matices (FILÓN DE ROCA, 1997). También de manera gradual se revela la congruencia de un oeuvre artístico, abarcando colores desde brillantes hasta terrosos. En términos metafísicos: la autenticidad e integridad de una artista en búsqueda constante de la verdad pictórica.
Este anhelo se despliega asimismo respecto al uso de la materia. Al agregar chapopote a la pintura de acrílico Iszaevich logra diversas texturas, que se manifiestan más pronunciadas en los empastes del encausto y logran una riqueza muy particular, desde aquellas en donde el material mismo asume el efecto pictórico, como el papel hecho a mano en NOCHE DE LOBAS (1996) o las fibras orgánicas de hoja de plátano, pasto y pulpa de algodón (SIN TÍTULO, 1996), hasta aquellas en las que alcanza la síntesis de fibras naturales con la técnica del encausto como en SIN TÍTULO (1998).
Del accidente a la forma definida, de los colores puros a las gamas diferenciadas y de los materiales sintéticos a las fibras naturales, la obra de la creadora ha atravesado modificaciones y depuraciones a base de un monólogo artístico interior que encuentra salida en el lienzo, manifestando sublimaciones que van de la alegría hasta los duelos del alma. El trabajo de Ofelia Iszaevich nos revela a una artista en reflexión, reaccionando constantemente a su entorno, una artista que nos invita a meditar por medio de su propia visión.